
Los cuatro padres estuvieron de acuerdo e hicieron lo imposible para que el “casamiento” de los chicos fuese lo más real posible. Hubo torta, anillos, vestido de novia y fiesta en la casa de Reece en Derby, en el Reino Unido.
La “boda” no tuvo nada que envidiarle a una de verdad. Incluso, participó un vicario que les dio un “certificado” de casamiento. Al día siguiente, Reece se levantó y fue hasta el sillón del living, pero no se sentía bien. La alegría duró poco. Murió el 5 de julio. Horas antes, le había dicho a sus padres: “ahora puedo ir en paz”. Cortesía diario Clarín.